Apartados

Me conociste cuando tenía doce años.

Te conocí cuando me encontré en la treintena.

Me encontraste con las rodillas ensangrentadas, los ojos llenos de frustración y el cuerpo tembloroso. Quería ser el más rápido bajando con la bici aquella ladera, y me enfilé con la pasión y la locura que le ponía a todo lo que etiquetaba como retos.

Me miraste, y me viste. Me viste sin juicio, solo con amor.

No me preguntaste si me dolía, ya que sentiste que quería ser fuerte.

No me dijiste si necesitaba ayuda, ya que sentiste que quería valerme por mi mismo.

Pero me confesaste aquello que convierte en vencedores a los perdedores, lo que lleva a ganar aquellos que les da igual el resultado.

  • Aquellos que nunca caen, nunca sabrán por donde pudieron arriesgar más, por donde experimentar más.
  • Los que no se golpean, son los que realmente temen el golpe que no conocen y anticipan.
  • Los que besan el suelo aprenden a saborear los momentos en los que fallan.
  • Los que no caen, piensan que ese camino siempre es el correcto y olvidan que una vez aprendieron por ese camino para luego nunca más buscar otro.
  • Sé creativo, prueba, arriesga, cáete y vuelve a ajustar. No te tomes tan en serio, no te tomes nada en serio.
  • Tú no eres la caída, ni siquiera eres el que llega sano y salvo. Eres el camino, y lo que haces entre tanto.

El niño que llevamos dentro en cada caída

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