Archivos Mensuales: noviembre 2015

Que prosigue el poderoso drama, y que puedes contribuir con un verso

¡Oh, mi yo! ¡oh, vida! de sus preguntas que vuelven,Del desfile interminable de los desleales, de las ciudades llenas de necios,

De mí mismo, que me reprocho siempre (pues,¿quién es más necio que yo, ni más desleal?),

De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos despreciables, de la lucha siempre renovada,

De lo malos resultados de todo, de las multitudes afanosas y sórdidas que me rodean,

De los años vacíos e inútiles de los demás, yo entrelazado con los demás,

La pregunta, ¡Oh, mi yo!, la pregunta triste que vuelve – ¿qué de bueno hay en medio de estas cosas, Oh, mi yo, Oh, vida ?
Respuesta

Que estás aquí – que existe la vida y la identidad,

Que prosigue el poderoso drama, y que puedes contribuir con un verso.

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Reírse, estar al sol, moverse y otras alternativas

Todo lo anterior son antidepresivos naturales. Traigo hoy micro-pastillas alternativas al prozac, y que se pueden combinar con lo anterior sin contraindicaciones.

Se recomienda tomarlas de manera continua de por vida.

– Si dudas entre hacerlo o no hacerlo, ya estás perdiendo el tiempo no haciéndolo

– ¿cuando te queda poca batería en el movil, no aprovechas cada minuto de la batería para lo imprescindible, lo importante?¿no exprimes cada segundo que lo tienes encendido? Así es cada día de tu vida. No lo malgastes dejándolo pasar..

– Descubre tus puntitos. Si, esos que enamoran. Tal vez si te lo escribes te los creerás.

– Lo que sea que estas haciendo ahora, justo ahora, en este preciso segundo, es lo mejor que podías estar haciendo justo ahora.
Y estas son mis tomas de hoy. Que os hagan bailar.

La innovación y las compras. Una de cal y otra de arena.

No hablamos de lo que hay que hablar joder.

Una conversación no mantenida, un sentimiento reprimido, una sinceridad acallada… es un ladrillo más en nuestro muro de incomunicación. Quiero poner ejemplos que muestren de lo que hablamos en el día a día:

  • “Donde me gustaría ir de vacaciones…”
  • “A donde podemos ir a cenar este sábado…”
  • “Regalo de navidad que quiero que me regales…”
  • “Tengo un compañero de trabajo que me hace la vida imposible…”
  • “Había un tráfico tremendo, por eso he llegado tarde…”

Pero es curioso, cuando todos esos temas se acaban; llega el silencio. Ese silencio en el que las personas hablan por dentro y se callan por fuera. Sí, en ese momento se te unen los labios y te conviertes en un muñeco de trapo con vida. Son de esos momentos en los cuales parece que alguien está hablando a tu alrededor, pero… ¡no! ¡Eres tú contigo mismo y para ti sólo!

¿Qué voz os ponéis a vosotros mismos cuando os habláis? ¿Os reconocéis a vosotros mismos? Otro tema para otro post.

Hablemos de la vida, hablemos de la realidad. Dos personas toman un café, es domingo, y el día anochece. Han acabado de contarse los asuntos triviales de la semana, sean amigos, familia, o pareja, y no queda nada más que decir. El silencio ya no es molesto; ya están acostumbrados a que aquello ocurra. Se sienten cómodos ya que lo asocian con la confianza.

Sin embargo ambos están hablando, pero ya no están en ese lugar. Están lejos de la conversación, del momento de estar juntos. Hay dos opciones: o están dilucidando como decirse todo aquello que se queda en el tintero y ya nunca más se van a decir; u o bien no están presentes porque están con otra persona, con otra situación, con otro algo. Porque cuando te acostumbras a hablar de lo que hay que hablar, olvidas lo que quieres decir, y olvidas para que estás con aquella persona en ese preciso instante.

Y esas conversaciones no vuelven, no se recuperan. Una conversación, un pensamiento no compartido, se pierde como una gota de lluvia cayendo en el mar, en el ruido de nuestros pensamientos.

Hoy he ido de compras. Ni me apetecía comprar ni me apetecía andar por unas calles que desgasté meses atrás. No es huir, de nuevo es elegir. Pero ya tocaban esas compras.

 Y no encontré nada que mereciera la pena. Ni en la calle, ni en las tiendas, ni en el ambiente. Cuando volví a casa tenía la extraña sensación de que la gente estaba allí porque tocaba ir de tiendas. Están abiertas, es domingo, no tenemos nada más que decirnos, vayamos de compras.

De un tiempo a esta parte le hago mucho caso a mis sensaciones. Son las que me están moviendo, no decido de otro modo. Y no vi felicidad en mi día de compras.

Me fijé en dos parejas. Una de ellas, de unos cuarenta y tantos discutían acerca de quién tenía la razón acerca de algo que era imposible de adivinar. No me gusta discutir y reconozco que yo también lo he hecho. Me he encendido, me he puesto nervioso y totalmente irracional. ¿Pero realmente de que estamos discutiendo, de esa tontería o de algo más? ¿Hablamos de aquello que se quedó en mi cabeza pero nunca te dije? Seguro que alguna vez le habéis dicho aquello de “¡¡¡pero si ya te lo había contado!!!”. Perdóname que insista, pero lo hablarías en silencio.

No hablamos de lo que merece la pena hablar. Y no digo más tacos!

La otra pareja hablaba del color de unos pantalones, de la talla, y de lo que iban a hacer por la tarde, mientras su hijo les repetía sin parar una frase para enseñarles algo. Las ha repetido de tirón, sin que nadie le prestase atención tanto para observarlo como para reprenderlo.

Aislamiento, incomunicación, proteccionismo. Ganas de que pase pronto la mañana, la tarde, de que acabe el domingo y pueda volver a trabajar donde todos me tocan las pelotas pero por lo menos no tengo que pensar. Eso es lo que he sentido y visto hoy.

 Pero en esta semana también he visto comunicación. Es mi cara brillante de la Luna de esta semana. 

Trabajo en Innovación, investigación o como se llame lo que hago. El viernes fui a evaluar con dos compañeros los conceptos que habían desarrollado unos estudiantes de diseño industrial para el trabajo de una asignatura. Los conceptos tenían que versar acerca de electrodomésticos para poblaciones desfavorecidas.

Últimamente había estado pensando que estaba ya todo inventado, que la veteranía te ayudaba a canalizar la innovación, y que no todos los temas te permitían reinventarte a ti mismo ya que no son motivantes. Pero el viernes se me ilumino el corazón, y ví en aquellos cien chavales de veintitantos años que la innovación y la investigación no sólo se basa en una colección de títulos académicos, sudor incierto y trabajo de erosión.

Porque para aquellos alumnos el trabajo no era un trabajo, no era una asignatura sin más. Para ellos era su creación, su contribución para hacer más digna la vida a las poblaciones desfavorecidas. Y era a su vez la contribución a ellos mismos. No mostraban sus resultados para aprobar sino para compartir su creatividad, sus logros y su capacidad.

Y entonces me descubrí a mí mismo. Todas aquellas carreras, másters, cursillos, artículos, charlas… son mi muro de Berlín, mi boca de trapo cerrada para no hablar de lo que deseo hablar.

Mientras acumules títulos no hará falta hablar de cuál es la motivación, el entusiasmo, lo que te llena en el trabajo y te hace brillar.

La innovación o la investigación, lo que queráis,  se basa en encontrar la motivación para que en aquello a lo que te dedicas y en inicio te apasiona, encuentres el modo para contribuir, para crear, para innovar, y que dicha innovación te contribuya a ti como persona. En ese momento, descubrirás y serás descubierto. Si no ocurre así, acabarás dependiente y sólo de una relación que te abandona sin darte excusas.

El viernes me tomé un auténtico chute de esa motivación. Fueron a estos mismos chavales a los que les hablé acerca de la empresa donde trabajo, de nuestros principios, de nuestra visión de la investigación y nuestra motivación para ser excelentes.

Y tuve esa conversación conmigo que llevaba tiempo postergando. Y es donde me encontré, cuando me sincere. Me encontré en el centro de sus trabajos. Recibimos lo que generamos, transmitimos lo que somos, y lucimos cuando realmente somos nosotros mismos.

Brilla alto estrella, para que me ilumines el horizonte en las noches oscuras.

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