Archivos Mensuales: agosto 2015

Mañana acaba el verano.

 

IMG_1301Sí, es oficial, mañana es Septiembre. Y hoy acaba Agosto con una gran tormenta en muchas zonas de España.

Es curioso, pero ya no puedo contar con los dedos de las manos las veces que ha habido una gran tormenta cuando no me gusta lo que está por venir, o cuando algo malo ya ha ocurrido.  Voy a empezar a odiar las tormentas. Y las tormentas son de verano casi siempre.

Tengo grabados en la mente aquellos momentos duros, difíciles, que se me quedaron para siempre en mi memoria para largo plazo. Siempre fueron especialmente intensos días oscuros, fríos, ventosos y lluviosos, con truenos si tocaba por las fechas.  Sólo recuerdo una sola vez, una no más, en la que el calor asfixiante y el sol de justicia se apodero de la situación. Dicen que soy muy kinestésico, y leyéndome me doy cuenta de que es verdad (ala, a buscarlo toca).

Tal vez seamos muy racionales e intentemos dar explicación a todo, o tal vez nos consideramos el centro del universo y pensamos que todo gira en nuestro centro. El caso es que siempre conseguimos encontrar una razón supersticiosa a todo lo que nos rodea. Todo tiene justificación, una razón por la que ocurrió. Y no nos damos cuenta de que lo bonito es que todo ocurra y nosotros sólo lo observemos.

Hoy hace un día gris, que quede claro. Mañana empieza de nuevo el cole para muchos o todos. Es el mes de los nuevos comienzos, de las nuevas intenciones, de las nuevas ilusiones. ¡Yo creo que el año nuevo debería ser el 1 de Septiembre! Algunos le llaman el síndrome postvacacional, otros lo ven como un momento de postreflexión asociado al tiempo libre de las vacaciones, pero lo que está claro es que Septiembre es un mes de cambio, de cosas nuevas.

Yo este verano he intentado hacer el experimento de no coger vacaciones. El experimento ha sido bastante interesante. La gente iba y venía, y cada semana recibía personas con la cara llena de relajación y felicidad por su descanso, pero también me despedía de gente con la ilusión intacta a punto de zarpar. Eran como civilizaciones independientes que se acercaban a visitar la isla de indígenas en la que me encontraba (porque el verano si entiende de algo, es de indígenas). Os aconsejo que os fijáis en vuestros amigos y familiares. Dan ganas de hacer fotos antes y después. Toda esa oleada de entusiasmo es realmente un soplo de energía positiva. Casi más que el haberse ido. A veces el mejor cambio es no cambiar.

Y ahora llega Septiembre. Otoño, las horas de oscuridad, el frío, el viento, la rutina, la calefacción, la hibernación… y no me gusta el Otoño, y menos el invierno. Me gusta pasar el invierno como el niño que cruza la piscina buceando, como entrar a ese baño apestoso del que sales corriendo sin respirar, o como ese examen infernal de coche. Sin respirar.

No me gusta la vuelta de Septiembre. Cuando era pequeño tenía esa sensación de que todo es demasiado bonito para ser verdad. Es como ir con la bicicleta demasiado deprisa por una bajada, y disfrutar de todo aquello pero tener en la cabeza que justo en ese momento va a venir la gran caída. Septiembre.

El verano que se muere, asesinado a manos del otoño. La oscuridad se va a apoderando del ambiente, en un pulso constante con la luz, y los…

Aun sé lo que hicisteis el último verano, piensa el otoño.

Me estoy haciendo el firme propósito de pararme a respirar cada día. La vida no dura los 25-30 días de vacaciones. Ni siquiera la vida dura sólo los fines de semana. Estamos rodeados de luz, de cosas maravillosas, pero decidimos convertir Septiembre en nuestra carga. ¿Por qué le tenemos tanta manía al post-verano? Si al fin y al cabo las tormentas son de verano…

Ya no recuerdo por qué empecé a escribir. ¡Ah sí! Porque el cielo estaba gris y llovía. Creo que ya ha salido el sol, aprovechemos lo que nos regalan los segundos de vida (siempre serán segundos) que nos quedan aquí.

Coge una silla, siéntate, relájate, y aprende de los errores en la película que es tu vida, y ríete a carcajadas cuando disfrutes de tus grandes momentos estelares. Podrás sobreactuar, podrás tener un papel estelar, un papel minúsculo, pero sobre todo disfruta de la película que ves, ya que la has producido tú mismo. Sea invierno o verano.

 

 

 

 

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¿Jugabas de pequeño con las manos locas?

https://www.flickr.com/photos/sucotronic/3732103764/in/photolist-5FsW8a-6FN1qC

(Cortesía de Felix, Flickr)

Todos tenemos un rincón, un lugar, una zona a la cual íbamos mucho de pequeños. Algunos recordarán un pueblo, con aquellas calurosas e interminables tardes de verano; otros recordarán el parque, donde jugaban con amigos vecinos de la zona (a esos mismos amigos que ya no saludas porque te preguntas de que vas a hablar ahora…), otros donde solían entrenar cuando para ellos el baloncesto era su única pasión, y también habrá aquellos que recuerdan cómo perdían el tiempo en aquella tapia mirando al horizonte y trazando sus planes para cuando fueran mayores…

Pero si eras de esos bichos raros que no abandonaste los sitios a los que ibas de pequeño, también tengo algo para ti. Seguro que hay ciertas cosas que usabas mucho en aquella época y que ya no usas. Se te quedaron pequeñas, se te estropearon, o ya no era tan guay usarlas o incluso decir que las tenías. Eso es, hablamos de esa bicicleta que hasta incluso reparabas cuando se pinchaba, de ese juego de mesa que no tenía nada pero lo tenía todo a la vez, de esas revistas que había que guardar perfectamente planchaditas porque traían los secretos de la felicidad…

(Cortesía de Dace:), fuente Flickr)

(Cortesía de Dace:), fuente Flickr)

Bueno, creo que ya nos hemos centrado. Hablamos de todo aquello que os hacía feliz, y que sin saberlo, de la noche a la mañana, os dejo de interesar.

¿Habéis pensado alguna vez cuando ocurrió todo aquello? Os podéis decir que no recordáis si un día concreto, o fue la suma de muchos, pero sé la triste verdad. Hubo un día, en un momento determinado, justo cuando otra cosa estaba ocurriendo alrededor vuestro, que decidisteis que aquello, que ese lugar, que aquel amigo de largas tardes, ya no decía nada de vosotros.

No lo pensamos mucho, sucedió y ya está. Y por mucho que lo reflexionemos, miramos y retiramos la mirada. No hay nada que hacer con respecto a aquello. Qué grandes adultos…

Y ahora que tenemos tiempo para cambiar lo presente…¿Cuáles son vuestros actuales juguetes abandonados? ¿Vuestros lugares a los cuales el año que viene no volveréis porque ya no os dicen nada? ¿Dónde se quedaron aquellos bares que tanto os gustaba ir? ¿O aquellas conversaciones que tanto os llenaban o aportaban? ¿Ya no hacen gracia todas aquellas payasadas que os hacía brillar los ojos?

 

Aquellos juguetes abandonados fueron reemplazados por otros juguetes.

Vuestros amigos íntimos se desgastaron antes de tiempo.

Los padres pasaron a ser mayores,  propiedad privada para uso y explotación de los hijos (que no disfrute)

Las relaciones amorosas murieron cuando las lluvias habían mantenido el campo fértil.

 

No parece que dependa de lo que tengamos. Sea mucho o poco, éste será el ritual. Desde el que relata, tal vez el problema sea el verbo: “tener”. Nosotros no deberíamos tener, deberíamos amar. Y amar no se basa en posesiones, se basa en otros valores.

Dije un día que no daría lecciones, pero sí que daría relatos, reflexiones, mensajes. Estos mensajes me los debería aplicar día a día, y no dejarlos escritos sin más.

A veces abandonamos juguetes, y a veces somos juguetes abandonados. Mi mensaje no es acerca de cuándo te abandonan, sino es para amar y no abandonar nunca jamás.

Esa frase que no te atreviste a decir, eso que deseaste hacer pero que pensaste que era tarde, esa llamada que te habría gustado hacer, ese favor que realmente sí que estabas dispuesto a hacer, esa sonrisa que te negabas en aquellos chistes, esa conversación que eludiste continuamente…. Ese, esa, ese. Ese/a eres tú.

¿Eres un viejo o te conservas joven?

valladolid 042 (2)¿Un niño y un perro de diez años tienen la misma edad? En teoría sí, son diez años al fin y al cabo. ¿Y por qué tantas dudas?

¡Tal vez lo mejor sea preguntarle a un perro!

Un perro adulto, el que tú quieras, que haya vivido con niños de su misma edad. Yo ya tengo imaginado el mío.  Será un perro negro, peludo, con mucho, mucho pelo en los ojos, nervioso y a la vez miedoso, inteligente y a la vez algo tonto.


  • ¿Cuántos años tienes, señor perro?
  • ¡Y yo que sé! No sé si tengo un año, dos o tres o ninguno. Para mí todos los días son una novedad, no recuerdo ni lo que hice ayer ni sé lo que haré mañana. Cuando me despierto, mi mayor alegría es poder comer, hacer mis cositas, y lo más importante, jugar con mi familia y poder estar con ellos. Siempre me tratan genial, siempre piensan en mí, y siempre, siempre me tratan con dulzura. ¡Qué más puedo pedir! Es mejor no pensar en la edad, cuando no lo piensas, cuando no piensas en lo que queda por hacer, disfrutas más de cada día.
  • Entonces le llamaré Don perro, menuda forma de hablar… ¿y si te dijera que tienes diez años como el niño de tu familia?
  • ¿Es así o no es así? Vale, puede que sea así. No tengo ni idea, es más, mañana ya no lo sabré de nuevo! Pero me explico.Yo habré vivido todos los días de mi vida hasta sumar los días de 10 años que dices que tengo, pero mi pequeño amigo niño, ha vivido más que diez años. Para él cada día depende del anterior y condiciona el mañana. Su edad es la suma de sus diez años más los nueve años previos, más ocho años, más siete años… no sabría decirte cuántos años tiene…pero tiene muchos…Y así se lo noto. ¿no te has dado cuenta que la mochila de sus libros cada día pesa más y más? Debe pesar más porque su rostro así lo dice. No tiene ya ni ganas de jugar…

Los niños poseen la magia de lanzarse a hablar siempre que lo deseen. Los niños pueden hablar con las plantas, con los animales, con las piedras, con los objetos, hasta incluso con otros niños…

¿Habéis visto que esto ya no lo podéis hacer vosotros, los súper poderosos mayores? Seguro que sabéis que no decís todo lo que pensáis. Y lo peor no es eso, sino que precisamente dejáis de decir las cosas positivas, los piropos, los agradecimientos, ese te quiero a veces tan necesario…

¡¡¡Se perdió el pensar como un perro!!!! Tantos años acumulados nos hicieron perder esas habilidades…

Tal vez la pregunta sería por qué, pero las preguntas no pueden ser nunca contestadas desde el mismo estilo de pensamiento que se crearon. Tal vez no vivamos tan poco, sino demasiado. Si vamos sumando año a año a nuestra mochila de experiencias, y nos quedamos con las “piedras” que nos dejó cada año, es probable que ya seamos demasiado mayores para recordar nuestra niñez por muy jóvenes que creamos ser.

Esta conversación la tuve hace mucho tiempo con mi perro. Pero no recuerdo ya cuando fue, he vivido muchos siglos desde entonces.

Los rubikianos

Cortesía de Petter Duvander (Flickr)

(Imágen cortesía de Petter Duvander (Flickr))

Creo que somos como un cubo de Rubik, pero sólo en parte, no me estoy volviendo loco. Podríamos llamarnos los Rubikanos!Hablo de esos cubos infernales que a menos que alguien te diga cómo resolverlo, siempre se queda a medio hacer.

Y es que los manuales, los procedimientos, no deberían existir. Estos cubitos llenos de encantadores aristas que te pueden llevar a la desesperación, deberían ser diferentes uno de otro, y lo ideal sería resolverlos desde la más absoluta ignorancia, con la curiosidad que genera saber que cada uno nuevo es diferente.

Siempre que he intentado resolver estos dichosos cubos he tenido la sensación de que cada movimiento que hacía era tan dependiente del anterior y que condicionaba tanto al posterior, que no podía predecir hasta donde podría llegar. Sé que podría haber usado un procedimiento, unos truquis para resolverlo, pero si lo hago; ¿Dónde queda la magia de lo desconocido, de la aventura, de descubrir?

Recordáis la última vez que descubristeis algo nuevo? Pensad, pensad….

Y es que somos un cubo de Rubik al menos en parte. Nos intentamos resolver con métodos usados en otros cubos, sin darnos de que cada cubo es diferente e incluso el mismo cubo cambia de colores con el paso del tiempo. Pero eso sí, los demás deberían mirarnos como un Rubikanio único.

Y sí!, somos seres multicolores, ¿y si no acaso de donde crees que vienen tus luces y tus sombras? Somos seres que te saludan con acertijos, que se despiden con intrincados laberintos con puertas que se abren y se cierran para que nunca sepas por donde viniste.

Y aunque somos cubos complejos, reconozcamos que no nos gusta ser resueltos, ni siquiera por nosotros mismos. Hace mucho, mucho, que quemamos el mapa del tesoro. Y disfrutamos cuando alguien se interesa por resolvernos, aunque nos obcequemos en complicarle la solución.

La duda que me inunda es porque creamos un cubo tan complejo. No lo resuelvo, ahí lo dejo.

Pero lo interesante de ser un cubo de Rubik es que eres imperfectamente perfectos, o perfectamente imperfectos, como lo desees leer. La perfección no es bella. Un cubo de Rubik resuelto no aporta nada, no seduce, no es misterioso, no te hace pensar en él, no es adictivo. Por eso no deseamos nunca acabarlo.

Y aunque nos gustaría ser perfectos, sin defectos, al fin y al cabo deberíamos ser conscientes que no hay nada más bello e interesante que un cubo de Rubik a medio resolver

(Imágen cortesía de Petter Duvander (Flickr))

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