Archivos Mensuales: julio 2015

¿¿Para cuando vamos a Marte?? ¡¡Este finde no puedo, pero dentro de tres sí!!!

¿y qué haremos cuando lleguemos a Marte?

Dejaremos de tener interés por estar allí.

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La mariposa que jugó a ser el viento


Mariposa

No hará mucho cuando se decidió en lo conocido como se repartirían las tareas diarias por y para siempre.

Había muchas cosas que hacer y no a todos se les dio la oportunidad de elegir. Los más vanidosos decidieron por los demás, y eso hizo que algunas faenas estuvieran claras y otras no. Las nubes, el sol, las estrellas, los árboles, los ríos… enseguida definieron y establecieron sus reglas.

Y los insectos también se “repartieron” las tareas, y cada uno fue logrando una función, incluso algunas que nadie elegiría. Ya se sabe, a veces parece que es mejor hacer algo aunque no merezca la pena, que no hacer nada para poder decidir sobre ello. Esto hacía que todo fuera al principio un caos, con muchos sin saber qué no hacer.

Por aquel entonces las abejas ya habían decidido el destino de las mariposas. Ellas, las abejas, se encargarían de la polinización. Se sentían orgullosas por lo que hacían pero a la vez insignificantes, ridículas, antiestéticas. Lo dejaban más que claro con sus fuertes picotazos sin razón alguna a todo el que pasaba. Tal vez si el mundo te teme, no tiene tiempo a juzgarte.

Y esto les llevaba a tener una insana envidia por las mariposas, seres que se transformaban, evolucionaban y se superaban a sí mismas.

Para las avispas, las mariposas debían tener un final a su transformación que les devolviera a la realidad, que les enseñara que no se puede aspirar a nada más que lo que eres ya. ¿Para qué transformarse si el resultado va a ser el mismo? No hay nada mejor que servir como cebo para otros animales, incluso insectos, fue lo que pensaron las avispas.

Desde la primera vez que se encontraron mariposas y avispas, un potente aguijón de envida penetró en los pensamientos de las últimas, y se envenenaron con la idea para hacerla realidad. Al fin y al cabo los vanidosos decidieron por los demás. Tristemente, las mariposas eran un suculento manjar, y de generación en generación se transformaban y transformaban hasta mostrar sus bellas alas, potente reclamo para cualquier depredador cercano.

Y pasaron los años,  las décadas, los siglos, las generaciones y así siguió siendo. Pero en todo ese tiempo, las pequeñas futuras mariposas, las orugas, emigraban más y más lejos, intentando separarse de sus depredadores y amigos. A veces la frontera no está tan clara. El camino fue lento como os podéis imaginar. Y centímetro a centímetro, hora a hora, familia tras familia, las  orugas emigraron. Pero en todos los sitios se encontraban la misma situación, las reglas no habían cambiado, así habían sido establecidas!

Un día, tras muchos, muchos años de incómoda costumbre, las mariposas decidieron recapacitar. Cuando eran orugas actuaban, pero cuando llegaban a la perfección, se abandonaban a su suerte. Si las mariposas conseguían sus alas cuando rozaban su culminación, estas debían ser realmente la parte de su ser más esperada y especial.

Y decidieron aletear con todas sus fuerzas, y volar, y volar, donde las orugas nunca podrían haber llegado. No hay alas demasiado pequeñas cuando sabes lo que quieres y crees que puedes conseguirlo. Y consiguieron mover al viento, a las nubes, a la tierra y al agua. Y el caos se apropió de lo conocido porque las mariposas hicieron de tierra, de viento, de agua, y de avispa.

Y polinizaron con el viento que crearon, y desencadenaron tormentas tan fuertes como devastadores huracanes.

Si conoces tu poder, si piensas que realmente lo posees, luego es tu decisión como usarlo. Todos conocemos la historia. Las mariposas siguen siendo seres frágiles, indefensos a los cazadores que les esperan, pero ellas son felices ahora que conocen su potencial, y lo usan del modo que ellas desean.

El futuro es de cada uno, puedes generar el caos, o puedes polinizar con tus virtudes. Podrías cambiar a los demás, pero bastante tienen las mariposas con cambiarse a sí mismas.

Las abejas también aprendieron de todo aquello. Porque en un momento u otro, todos somos avispas, mariposas u orugas.

¡Hola mundo!

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